Quien haya visto pasar un Quattroporte por la calle sabe que pocas berlinas suenan y se mueven así, y por eso cuesta imaginar que el próximo coche con el tridente en la parrilla pueda desarrollarse y fabricarse a miles de kilómetros de Módena. Sin embargo, esa posibilidad ha dejado de ser una habladuría de pasillo, porque uno de los implicados la ha reconocido por escrito.
Se trata de JAC Motors, un fabricante estatal chino con sede en Hefei, que ha admitido que mantiene conversaciones con Stellantis y con Huawei para estudiar una posible cooperación. Lo hizo después de que sus títulos se revalorizaran de forma llamativa durante varias sesiones, de modo que el comunicado sirvió también como explicación ante el mercado.
Ahora bien, la nota es escueta y deja claro que ni el alcance ni la forma de esa alianza están decididos, además de precisar que no hay ningún pacto vinculante ni tampoco un memorando de entendimiento. La propia compañía resta peso a las negociaciones a la hora de justificar su comportamiento bursátil, así que la noticia describe el arranque de un proceso que todavía puede quedarse en nada.
Un SUV grande que relevaría al Levante y un gran turismo llamado a suceder al Quattroporte, los dos coches que se estarían estudiando mientras sigue sin saberse en qué fábrica se producirían
Hasta este momento solo corrían especulaciones acerca de contactos entre el grupo propietario de la marca y varios consorcios chinos, pero ninguna de las partes las había respaldado de manera oficial. La confirmación ha llegado desde China mientras la casa italiana guarda silencio, aunque de ella se deduce que en Módena no cierran ninguna vía para renovar la gama.
¿De qué coches se habla? Según la prensa económica italiana, hay dos proyectos en estudio: por un lado, un todocamino de gran tamaño que tomaría el relevo del Levante y, por otro, un gran turismo que podría convertirse en el nuevo Quattroporte.
El reparto de tareas que se baraja es poco habitual en una firma de lujo europea, ya que JAC asumiría la ingeniería, el desarrollo y el ensamblaje con tecnología de Huawei, mientras que Maserati se reservaría el diseño exterior e interior. Dicho de otro modo, la parte italiana pondría la imagen y la china, casi todo lo demás.
Queda además una incógnita de peso, que es dónde se montarían esos vehículos. Las opciones pasan por China, por la planta italiana de Cassino, de la que hoy sale el Grecale, o por un tercer emplazamiento, y la elección tendrá consecuencias tanto para el empleo en Italia como para el precio final, puesto que la Unión Europea aplica desde 2024 aranceles adicionales a los eléctricos fabricados en el país asiático.
Para entender por qué una marca fundada en Bolonia en 1914 mira hacia Asia hay que repasar su situación. El Levante, que llegó en 2016 y fue durante años su modelo más vendido, dejó de fabricarse en 2024, y el Quattroporte, cuya primera generación data de 1963, también se quedó sin sucesor inmediato.
De hecho, el nuevo buque insignia estaba anunciado para 2025 y más tarde se pospuso sin concretar cuándo llegaría. El retraso se debió, al parecer, a una cuestión de estilo, ya que la marca quería apartarse de la berlina de corte tradicional y probar otros formatos de carrocería, mientras que la apuesta por una mecánica solo eléctrica no habría sido el obstáculo.
A ese vacío en el catálogo se suma la caída comercial, dado que las entregas pasaron de unas 26.600 unidades en 2023 a cerca de 11.300 en 2024, un ejercicio que la división cerró con pérdidas. Con esos volúmenes resulta muy difícil amortizar en solitario una plataforma eléctrica nueva, y de ahí que compartir costes con un socio tenga sentido industrial.
Tampoco sería la primera vez que el grupo se apoya en China, puesto que en 2023 compró alrededor del 20 % de Leapmotor por unos 1.500 millones de euros y creó con ella una sociedad conjunta para vender sus coches fuera de ese mercado. La diferencia es que entonces se trataba de eléctricos asequibles, mientras que ahora estaría en juego una enseña de lujo.
Los posibles socios, por su parte, ya trabajan juntos. JAC y Huawei lanzaron en 2025 la marca Maextro, cuyo primer modelo, la berlina S800, compite en el segmento más alto del mercado chino, de manera que ambos disponen de una base técnica pensada para coches grandes y caros. Huawei suministra asimismo a otros fabricantes del país sus sistemas de conducción asistida y de conectividad.
Esa red de alianzas, conocida como HIMA, agrupa ya a varias marcas locales que comparten el sistema operativo HarmonyOS para el habitáculo y los asistentes al volante de la tecnológica, por lo que un Maserati nacido bajo ese paraguas heredaría previsiblemente buena parte de esa electrónica de a bordo en lugar de recurrir a la que emplea hoy el grupo.
Aun así, el riesgo para la casa italiana es evidente, porque buena parte del valor de un Maserati reside en su ingeniería y en el sello de fabricación nacional, y ceder ambas cosas podría diluir su identidad ante la clientela de siempre. A cambio, obtendría software, baterías y plazos de desarrollo que hoy no puede costearse por sí sola.
Por ahora, lo único seguro es que hay una mesa de negociación abierta y que nadie ha firmado nada. Mientras Stellantis no haga un anuncio formal, tanto los modelos como la fábrica y el calendario seguirán siendo hipótesis de trabajo, y los empleados de las plantas italianas tendrán que esperar para saber qué papel les corresponde.
