Cruzar la frontera en coche y recorrer Portugal por autopista es, para muchos conductores españoles, una opción cómoda y directa. El problema suele aparecer cuando se da por hecho que el peaje funcionará igual que en casa. Allí conviven varios sistemas, algunos muy visibles, otros casi invisibles, y esa mezcla obliga a ir un paso por delante para evitar cargos inesperados o trámites posteriores.

En términos sencillos, el país utiliza peajes tradicionales con barrera y peajes exclusivamente electrónicos. Los primeros se reconocen al instante, se entra, se recoge ticket si corresponde, y se paga al salir en cabina o en carriles automatizados. Los segundos se cobran mediante pórticos con cámaras y lectores, no hay cabina donde detenerse, y el pago depende de que el vehículo tenga un método activo vinculado a la matrícula o a un dispositivo de telepeaje.

Además, el escenario cambió recientemente y conviene tenerlo presente antes de planificar ruta. Desde el 1 de enero de 2025 se eliminaron tasas de peaje en determinados tramos y subtramos de autopistas del interior y de vías donde no existían alternativas equivalentes, siempre bajo los supuestos recogidos en la norma. En la práctica, hay corredores donde hoy ya no se paga, pero no es una “liberación total” por número de autopista, depende del tramo concreto.

Qué ha cambiado y qué sigue igual, el mapa real del peaje portugués

El cambio legal más citado afecta a autopistas muy usadas por turismo y por conexiones con zonas interiores. La eliminación de tasas se aplica, entre otros puntos, a tramos de la A4 vinculados al corredor Transmontana y al Túnel de Marão, así como a la A13 y A13 1, y a las A22, A23, A24 y A25. También se especifica una precisión importante en la A28, donde la eliminación se limita a los tramos entre Esposende y Antas, y entre Neiva y Darque. Ese nivel de detalle explica por qué, incluso siguiendo “la misma autopista” en el navegador, el coste puede variar si se toma un enlace distinto o se entra por otro acceso.

Con ese contexto, lo que sigue vigente es el carácter mixto del sistema. Puede que un trayecto empiece en una autopista con cabinas y termine en otra donde no existe ninguna barrera física. También ocurre al revés, y ahí está el gran riesgo para quien visita el país por primera vez, entrar en un tramo de pórticos pensando que se pagará más adelante, cuando en realidad el registro del paso ya se ha producido. La señalización suele avisar, pero si se circula con prisa, lluvia o tráfico denso, es fácil no darle la importancia que tiene.

Para los vehículos con matrícula extranjera, la idea práctica es clara, si se va a utilizar una vía de cobro exclusivamente electrónico, hay que llevar un medio de pago previamente activado. No es una recomendación para ahorrar tiempo, es la forma de garantizar que los pórticos puedan asociar el tránsito del vehículo a un cobro válido. Por eso conviene prepararlo antes de entrar en ese tipo de autopistas, no después.

A partir de ahí, las opciones se entienden mejor por su lógica. La primera es la vinculación de la matrícula a una tarjeta bancaria, pensada para estancias cortas. La adhesión tiene un coste de 1 euro, la activación dura 30 días, y los peajes se cargan posteriormente en la cuenta asociada. A ese importe se suma un coste administrativo de 0,32 euros por viaje, un matiz relevante si se encadenan desplazamientos cortos. Además, cuando se atraviesan estaciones con barrera, conviene utilizar carriles de cobro electrónico, porque son los que registran el paso sin tener que detenerse en ventanilla.

La segunda opción, también sin dispositivo, es la tarjeta prepago vinculada a la matrícula. Aquí el conductor carga saldo por importes prefijados de 5, 10, 20 o 40 euros, paga una adhesión de 1 euro, y cada paso por pórticos descuenta la tarifa correspondiente del saldo disponible, con el mismo coste administrativo de 0,32 euros por viaje. La ventaja es su duración, la validez se extiende durante un año tras la activación. Para quien entra varias veces a lo largo del mismo periodo, puede ser una forma de evitar altas repetidas y tener un control claro del gasto.

Existen, además, modalidades pensadas para itinerarios concretos. Se ofrece una tarjeta virtual de tres días, con viajes ilimitados durante ese periodo, disponible para vehículos de determinadas clases. También hay opciones de rutas predefinidas vinculadas a accesos desde o hacia grandes nodos de transporte. No son imprescindibles para entender el sistema, pero pueden simplificar mucho la vida si el recorrido encaja exactamente con esos supuestos y se busca comodidad.

Quien viaja con frecuencia suele optar por la tercera gran familia, el dispositivo de telepeaje colocado en el parabrisas. Permite pasar por carriles reservados y por pórticos sin gestiones puntuales, y suele funcionar tanto en vías con cabina como en las que solo tienen lectores. Aun así, hay particularidades. Algunas soluciones basadas en matrícula tienen condiciones propias en infraestructuras concretas, por lo que, si el recorrido pasa por grandes puentes o accesos urbanos específicos, lo prudente es revisar el funcionamiento antes de salir.

Más allá del método elegido, hay un gesto que evita casi todos los problemas, guardar el comprobante de activación cuando se asocia la matrícula a un sistema de pago. Conviene comprobar que la matrícula registrada coincide con la del vehículo y conservar ese justificante, porque es la prueba de que el alta se realizó correctamente si surge cualquier incidencia.

Y si, pese a todo, se circula por un tramo electrónico sin un pago activo, lo recomendable es regularizarlo cuanto antes. Existen canales para corregir datos, como la matrícula, o cancelar adhesiones, precisamente porque el sistema contempla que los conductores visitantes puedan cometer errores. La clave es no dejarlo pasar, porque con el tiempo resulta más difícil reconstruir el itinerario real y asociarlo de forma ordenada.

En paralelo a estas reglas de funcionamiento, 2026 incorpora un elemento añadido, el precio. Se ha informado de una actualización media de tarifas en torno al 2,29 por ciento a partir del 1 de enero de 2026, ligada al mecanismo anual de revisión. En términos prácticos, no cambia la mecánica, pero sí refuerza la necesidad de planificar, porque un trayecto largo en autopista puede costar algo más que el año anterior.

Al final, la recomendación más útil encaja con cualquier estilo de viaje. Antes de arrancar, conviene revisar el itinerario en un mapa actualizado de peajes y, si se sospecha que se entrará en tramos con pórticos, activar el método de pago con antelación. Con ese pequeño paso se evita el escenario más incómodo, descubrir al volver a casa que se ha cruzado una vía electrónica sin registro, justo cuando ya no se recuerda qué enlaces se tomaron. En Portugal, el peaje no es difícil, pero sí exige atención, y la diferencia entre un viaje tranquilo y uno lleno de gestiones suele estar en ese detalle previo.