En un momento en el que los todoterrenos de verdad se han convertido casi en piezas de lujo, con tarifas que para muchos conductores resultan inasumibles, el Dacia Duster ha logrado abrirse camino como una de las propuestas más interesantes del mercado europeo. Este SUV compacto, que mantiene un enfoque familiar y práctico para el día a día, ha conseguido destacar por ofrecer una capacidad real para salir del asfalto con garantías sin disparar el precio, algo que cada vez resulta más difícil de encontrar en el sector.
La clave de su éxito está en una fórmula que mezcla sencillez, sentido práctico y una evolución técnica bien dirigida. No pretende competir con los grandes iconos del 4×4 puro en refinamiento ni en imagen, pero sí ofrece una respuesta convincente a quien busca un vehículo robusto, útil y razonablemente asequible. Su versión más accesible arranca en 19.990 euros, cifra que puede bajar en caso de financiación, mientras que la variante con tracción total se sitúa claramente por debajo de otros modelos con aspiraciones similares. En un segmento donde los precios se han disparado, esa diferencia explica buena parte de su atractivo.
A ello se suma una mejora progresiva de sus aptitudes fuera de carretera. Con el paso de las generaciones ha ganado altura libre al suelo y ha afinado sus cotas para desenvolverse mejor en terrenos complicados. La nueva entrega alcanza hasta 217 milímetros de altura libre y supera los 30 grados de ángulo de ataque en configuración 4×4. También presenta buenas cifras de ángulo ventral y de salida, lo que lo sitúa en una posición muy destacada dentro de los todocaminos compactos con aspiraciones camperas.
Un sistema de tracción distinto, pensado para rendir sin disparar el coste
Una de las novedades más llamativas de este modelo está en su planteamiento mecánico. En lugar de recurrir a un esquema tradicional con árbol de transmisión, emplea un sistema electrificado que combina un motor delantero de gasolina de 1,2 litros y 140 CV con un propulsor eléctrico independiente en el eje trasero, alimentado por una instalación de 48 voltios. La batería, de 0,84 kWh, no está pensada para grandes recorridos en modo exclusivamente eléctrico, sino para apoyar al conjunto en fases de arranque, aceleración y situaciones de baja adherencia. De ese modo, la tracción a las cuatro ruedas se obtiene con una solución más ligera y menos compleja desde el punto de vista mecánico.
Ese motor posterior, además, trabaja con una transmisión de dos relaciones, una característica poco frecuente en este tipo de vehículos y especialmente útil cuando el terreno se complica. A baja velocidad, esa configuración permite multiplicar la entrega de par a las ruedas traseras y facilitar el avance sobre pendientes, barro o superficies deslizantes. A medida que se gana velocidad, el sistema cambia a una segunda relación para priorizar la eficiencia. El resultado es una respuesta más progresiva y controlable que la de otros sistemas convencionales, sin renunciar a la motricidad cuando realmente hace falta.
Otro de los argumentos que explican el interés que está despertando es su autonomía. Esta versión combina gasolina y gas licuado del petróleo, con dos depósitos de 50 litros cada uno, lo que le permite anunciar más de 1.500 kilómetros sin repostar y acercarse incluso a los 1.600 kilómetros en condiciones favorables. En un mercado donde incluso muchos diésel han dejado de ofrecer grandes recorridos entre paradas, esa capacidad constituye una ventaja muy concreta para quien viaja con frecuencia o utiliza el coche en zonas donde conviene contar con un amplio margen. Además, al tratarse de una variante bifuel con apoyo eléctrico, dispone de distintivo ECO.
En el uso diario, esa arquitectura también busca contener el gasto. El sistema puede funcionar en entorno urbano en modo eléctrico durante una parte significativa del tiempo en determinadas fases del ciclo, sobre todo en arranques y maniobras a baja velocidad. A eso se añade que el GLP presenta, por lo general, un coste inferior al de la gasolina, lo que contribuye a reducir la factura por kilómetro. De hecho, este tipo de configuración permite un ahorro importante frente a un motor equivalente de gasolina, aunque el consumo volumétrico sea mayor. Es una solución enfocada, por tanto, más al equilibrio que al lucimiento tecnológico.
Lo interesante es que todo ello no se traduce en un coche extremo ni incómodo para el día a día. Sigue siendo un SUV pensado para la familia, para carretera y para un uso versátil, pero con una honestidad mecánica cada vez menos frecuente. No promete ser un todoterreno puro, aunque sí ofrece unas aptitudes muy serias para su categoría y precio. En un panorama dominado por vehículos cada vez más pesados, caros y sofisticados, su propuesta tiene algo de regreso a lo esencial: un automóvil práctico, robusto, eficiente y con recursos suficientes para afrontar caminos, pistas y viajes largos sin exigir un desembolso desproporcionado. Por eso, más que una rareza, se ha convertido en una de las respuestas más sensatas al deseo europeo de seguir teniendo acceso a un 4×4 asequible.
